
Los efectos de la degradación ecológica inciden directamente sobre las desigualdades, haciendo más evidentes los desequilibrios socio/económicos entre estados, entre regiones y entre los grupos sociales, instigando conflictos latentes.
Todo ello ha sido ya denunciado desde los años 60 por el movimiento ecologista.
Todo ello ha sido ya denunciado desde los años 60 por el movimiento ecologista.
Al mismo tiempo, las desigualdades sociales de género también han sido reivindicadas por los grupos feministas.
Estamos ante una asimetría de poder y reconocimiento de las mujeres donde existe una distinción entre el ámbito público y doméstico que revela una realidad social.
El movimiento feminista ha ido incorporando este planteamiento a una realidad donde los análisis sociales van cada vez más orientados a dar respuestas concretas a problemáticas que se entrecruzan y que necesitan resultados desde numerosos puntos de vista. La complejidad de los problemas ambientales, unida a la complejidad social, busca respuestas intentando unir planteamientos.
El ecofeminismo es una respuesta más que intenta aunar esta nueva visión. Ante la situación concreta del aumento de los impactos ambientales y su relación con la desigualdad social y de género, la corriente ecofeminista está intentando dar voz a estas nuevas posibilidades de ver el mundo, al mismo tiempo que es un nuevo intento de diálogo de dos posicionamientos críticos de gran relevancia para el nuevo siglo, el ecologista y el feminista.
En definitiva, lo entendemos como una opción de transformación social, de mocilización social, en busca de la mejora.

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